Vinicultura

La historia del vino en México evidentemente se inicia con la conquista. En la península de Baja California la llegada de los jesuitas a principios del siglo XVIII marcó la pauta en el cultivo de la vid hasta que fueron reemplazados por los franciscanos y finalmente por los dominicos hacia mediados del siglo XVIII, quienes continuaron con esta actividad y abrieron nuevas misiones.

Se cimentaron en la zona que hoy es conocida como “La Ruta del Vino”: la Misión de San Vicente Ferrer, fundada en 1780 en el Valle de San Vicente; la Misión de Santo Tomás de Aquino, fundada por el padre Fray José Loriente entre 1791 y 1794 en el Valle de Santo Tomás; y la Misión de Nuestra Señora de Guadalupe, construida entre 1834 y 1840 en el Valle de Guadalupe.
La misión de Santo Tomás de Aquino fue abandonada en 1849

Para 1888 el predio fue comprado por Francisco Andonaegui y Miguel Ormart quienes fundaron Bodegas de Santo Tomás, la primera vinícola de Baja California.

Otro suceso que inevitablemente incorporó valor cultural fue la llegada de los rusos molokanes al Valle de Guadalupe. Al principio cultivaban trigo y cebada para el consumo familiar, sin embargo, años más tarde se vieron obligados a experimentar con otros cultivos y hacia el año de 1917 se plantó el primer viñedo ruso en el Valle de Guadalupe.

A partir de la década de 1920 la economía de Baja California se ve influida por la llamada “Ley Seca” en Estados Unidos (que prohibía la fabricación y venta de bebidas alcohólicas) representando un aumento del turismo en la región y de los pedidos de caldos derivados de la vid, a la vez que surgen nuevas bodegas en la región. Para 1950 existían cerca de 12 casas vitivinícolas en Baja California, las empresas que entonces ya producían vino de manera industrial eran: Bodegas de Santo Tomás, Bodegas Miramar, Bodegas Terrasola (Formex Ybarra) y Bodegas Urbiñón en los valles de Ensenada; Vinícola Regional, Bodegas Cetto y Bodegas Murúa Martínez en Tijuana; Bodegas de Rancho Viejo, La Providencia y Vinícola de Tecate en Tecate.

Entre 1960 y 1970 se establecen las grandes empresas vitivinícolas en los valles: Casa Domecq y L.A. Cetto.

A pesar de la crisis económica en el país, la competencia internacional y la elevada imposición fiscal, en Baja California surge un fenómeno excepcional. Aún cuando varias bodegas desaparecen, a inicios de la década de 1990 nacen otras pequeñas vinícolas orientadas a producir vinos de calidad: Monte Xanic, Casa de Piedra, Château Camou, Viñas Liceaga, Cavas Valmar, Mogor Badán y Vinos Bibayoff.

Hoy en día, nuestros valles albergan a más de un centenar de casas vinícolas; proyectos enológicos que cuentan con alta tecnología, refinación en sus procesos y una excelente calidad de sus vinos, características que han llevado a Baja California a posicionarse como la zona más prolífica de la vitivinicultura nacional.

http://www.cultura.gob.mx/turismocultural/cuadernos/pdf18/articulo8.pdf

Los valles de Ensenada son ya un referente en la vinicultura a nivel mundial. De la producción de vino mexicano se exporta 10 por cierto. El consumo de México entre el 2000 y el 2010 se duplicó, de 27 millones de litros a 55 millones de litros de vino.

Se estima que en el 2020 se va a triplicar el consumo, a 180 millones de litros anuales. De éstos, se espera que la mitad sea de vinos mexicanos, es decir, la industria vitivinícola espera crecer en participación de mercados de 30 a 50 por cierto.

México espera para la próxima década un consumo de 2 litros per cápita anual, cantidad que ya consume actualmente Brasil, que ha experimentado un crecimiento similar al que presenta el país.