El agua de lluvia y la protección del suelo: una inversión a largo plazo. Por: Ana Fuente.

El agua de lluvia y la protección del suelo: una inversión a largo plazo

 

Por: Ana Fuente

 

 

En todo cultivo existen factores esenciales para la producción. Dos de ellos son el agua y el suelo, mismos que actualmente corren peligro debido a la sobreexplotación tanto de los mantos acuíferos como del territorio que se ha utilizado para una agricultura voraz. La eficiencia agrícola ha estado enfocada en tener mayor rendimiento (más producción) en una menor extensión de tierra, con el consecuente resultado de producir más dinero por metro o hectárea cuadrada. Sin embargo, la desmesura en la producción actual y la falta de prácticas responsables redundará en tierras estériles y sequías irrevocables.

 

Actualmente existen métodos y prácticas que ayudan a un mejor aprovechamiento del agua y a la recuperación del suelo. El método Keyline, por ejemplo, se basa en utilizar los elementos de una propiedad (relieve y clima) para aprovechar el agua de lluvia que cae dentro de los límites de la misma. “La idea es que sea una especie de esponja que aproveche durante el año el agua que cae durante tres o cuatro meses evitando la evaporación inmediata y su reintegración a las vertientes en cuanto cae” dice Luis Candela, experto en el tema. Para tal efecto, se emplean canales y obras de tierra (aunque también pueden hacerse con mayor infraestructura) de manera que el agua permanece más tiempo en las partes altas –que se secan debido a su desplazamiento natural- con la intención de que tarde más tiempo en integrarse a arroyos, mares, etcétera. “Si extendemos la humedad durante la mayor parte del año, las plantas y los animales no sufrirán los meses de sequía”, señala Candela.

 

El método Keyline no se trata únicamente de almacenar en contenedores la lluvia que cae, sino que en los recorridos del agua se vaya integrando a la tierra para nutrir el suelo y los cultivos. Uno de los grandes beneficios es que no es indispensable una obra de gran infraestructura para captar el agua, puede hacerse mediante las curvas de nivel del propio terreno a través de canales en la propia tierra que se adapten a las necesidades y características de cada uno. También puede contar con reservorios donde el agua se concentre para su posterior utilización, incluso para uso doméstico. Gracias a la lentitud del flujo del agua, se evita la erosión o el arrastre de sedimentos, pero no puede funcionar sin otros factores elementales como la cobertura verde, las buenas condiciones de la vida microbiana, la vegetación, etcétera. “Se le está apostando mucho al agua de pozo y a traer agua de fuera, pero si no sabes utilizar el agua que tienes, no importa cuánta agua tengas, de todas maneras vas a terminar perdiéndola” concluye Luis.

 

“Se le está apostando mucho al agua de pozo y a traer agua de fuera, pero si no sabes utilizar el agua que tienes, no importa cuánta agua tengas, de todas maneras vas a terminar perdiéndola” – Luis Candela

 

En el caso del suelo, la recuperación se lleva a cabo gracias a la presencia de materia orgánica. En las últimas décadas, el Valle de Guadalupe ha perdido mucho suelo fértil; en el Mogor, casi 40 centímetros, explica Natalia Badán. Aunque es muy cuidadosa en especificar que no es ninguna autoridad ni modelo en el tema, en su experiencia ha sido posible llevar a cabo una paulatina recuperación de la fertilidad gracias a los microorganismos vivos, la biota. Para cuidarla, es indispensable la cobertura de materia orgánica en el suelo, lo que a su vez permite mayor infiltración de lluvia. “El suelo se transforma poco a poco, que no necesariamente coincide con la idea de “limpieza y orden” que tenemos, como si la vegetación fuera suciedad. Hay que empezar a ver las cosas diferente. La disca, por ejemplo, es un instrumento mortífero para el suelo porque vuelca la tierra y destruye la biota […] los herbicidas, por otro lado, son una práctica verdaderamente criminal”, señala.

 

La hortaliza del Mogor ha producido durante 22 años ininterrumpidamente sin la intervención de productos químicos gracias a la buena salud del suelo, entre otros factores. La prioridad, en su caso, no es el crecimiento exponencial de la producción, sino que pueda seguir produciendo durante muchos años.

 

El beneficio económico inmediato no es el motor del Keyline ni de la recuperación del suelo con composta, sino que representan soluciones respetuosas e integrales para un problema que nos ha rebasado.

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